Narrativas de género, y de paso

sábado, 10 de septiembre de 2011

Métodos para matar a un perro que no deja de ladrar

Ojalá fuera tan fácil, ojalá no lo carcomiese la culpa, ojalá dejara de mentir y de usar la palabra “ojalá”. Justo él que se llenaba la boca de amor a todas las criaturas, y además vivía con un perro, Domingo, que, aunque viejo y medio sordo, era su hijo. Justo él, sin tanto remordimiento como pareciera, había decidido asesinar a Blanqui, el mestizo de la vecina.
En algún nivel, que no reconocía en público, creía que si no lo hacía acabaría matando a la vieja, y que tanto desprecio por el perro, plenamente justificado, era también transferencia de la aprensión que sentía por la dueña de Blanqui.
Ponerse a evocar las disputas lo ponía de pésimo humor, la medianera, los caños rotos, las palomas cagándole su entrada porque ella les tiraba migas, la vez que llamó a la policía porque gritaba con su novia, y después anduvo diciendo que era golpeador, y otros episodios con exacto resultado, siempre mal parado, o en falta, o con reputación de mierda. Otro tanto le cabía por el mestizo, el más perverso ladrador que había conocido, ante el mínimo sonido, desde música, ruido de cacerolas, o el timbre, hasta conversaciones en voz baja que no se explicaba cómo las oía, y ladraba, Blanqui, apócope de blanquito, nunca cerraba el pico.
Lejos habían quedado los intentos de razonar con ella, al principio se mostraba receptiva y condescendiente frente a sus reclamos, aunque ni bien se iba nada cambiaba, y el maldito Blanqui volvía a chumbar, con más ganas, como vengándose de las quejas, de haberlo delatado ante la dueña.
Probó aunarse con los vecinos, y sólo le sirvió para descubrir la infausta verdad, no querían verlo, ni oír siquiera su versión de los hechos, el lavado cerebral era magnífico, vencido por una vieja, sin duda la había subestimado, no había previsto su antigüedad en el barrio y la influente oratoria sobre todos los que vivían en la cuadra, él era el intolerante, enemigo público.
Los alaridos de Blanqui a la luna le trajeron más que insomnio, mala performance en el trabajo, falto de atención, irritabilidad y un llamativo descuido en su apariencia, el otrora oficinista exitoso había dejado su silla al actual inseguro manojo de nervios que consideraba seriamente mudarse de casa, otro barrio, otro inicio, escapar de ahí.
Ya había considerado la opción “matar al mestizo”, de hecho tenía algunas técnicas ensayadas en la mente, todas variantes con veneno, y aunque parecían efectivas, como el bofe rociado de arsénico, dejaban rastros del plan. También analizó sobornar al paseador de Blanqui para que lo devolviese muerto, fruto de algún accidente creíble, pero con su suerte seguro que acababa denunciado, y ahí sí lo echaban del barrio. Mejor que delegar es hacer, se dio ánimo, y sin demasiado análisis más que lo antedicho, eligió la tercera opción, una que lo obligaba a tomar las riendas en primera persona. Operativo comando a lo de la vecina, secuestro del can, y posterior muerte, como método se había inclinado por asfixiarlo con una almohadón; y para deshacerse del cuerpo debía cavar una pequeña fosa en el jardín. La idea de enterrar la evidencia en los límites de su propiedad no lo convencía en absoluto, era previsible y condenatorio, pero tampoco se veía transportando el cadáver por el vecindario, mejor guardar a Blanqui hasta que todo se calme, razonó, y si después quería moverlo, bueno, sería más sencillo. Previendo el escenario ya tenía una bolsa de cal lista.
Esperó casi un mes hasta el verano, y una de esas noches de extremo calor y humedad, cuando la vieja abría la puerta para que el mestizo fuese a dormir más fresco al jardín, lo atacó por detrás; previo salto de medianera y un rato agazapado en la oscuridad. Pensó que lo detectaría por el olor o sus pasos ruidosos, no ocurrió, dormía profundo, y cuando estuvo a un palmo le asestó un cachiporrazo en la cabeza. Mientras miraba a Blanqui inconsciente sobre la gramilla sintió un dejo de lástima, que se fue ni bien lo asaltó la duda, ¿debía seguir con la misión, secuestro seguido de muerte y entierro, o prefería rematarlo ahí mismo? Menuda sorpresa se llevaría la vieja al encontrarlo descraneado en el jardín. Por más tentado que estuvo eligió distinto, abrió el bolso y guardó a Blanqui. Era la primera vez que sus manos tocaban al insoportable animal.
Domingo, su perro de trece años, que había heredado el nombre por un fabuloso parecido al general Perón, estaba en el living cuando él entró. Raro, pues hacía tiempo que no se aventuraba a la casa, según su dueño poseía noción de la vejez y, al igual que los elefantes, se había retirado al cementerio, el jardín trasero, donde hacía lo suyo sin estorbar a la manada. Y sin embargo ahí estaba él, agitando el rabo, husmeando el bolso.
Lo mandó afuera sin éxito, le preguntó qué carajo le pasaba, a lo que contestó con dos ladridos, hacía cuánto que no ladraba, se sorprendió. Dejó el bolso sobre la mesa y enfiló a la cocina, lo distraería con comida mientras él terminaba con Blanqui, no mordió el anzuelo, es más aprovechó el descuido y con una agilidad inusitada saltó sobre la mesa. El otro volvió corriendo y de un sopapo lo mandó al rincón. Algo se sintió muy mal dentro suyo, desde cuándo golpeaba al perro, era como pegarle a un hijo, peor, a un hijo viejo. Fue hasta él y trató de consolarlo con caricias, le pidió perdón, no me mires así, se defendió de los ojos suplicantes de Domingo, no puedo mostrarte ¿entendés?
Finalmente abrió el bolso y dejó que viera al inconsciente Blanqui, este es el hijo de puta que no deja de ladrar, lo alzó del lomo y recién a la luz notó lo sucio y flaco que estaba, lo palpó debajo de la axila, respiraba. Domingo, trepado a la silla y las orejas bajas, señal de mansedumbre, alternaba miradas ansiosas a su dueño y al invitado. Tardó un rato en persuadir al general por las buenas de que volviese al jardín. Llevó a Blanqui a la habitación, sobre la cómoda, pasó por el baño a lavarse y del living se trajo el almohadón grande. Había imaginado la secuencia de muerte una y otra vez, y en todas lo hacía con pulcra inhumanidad, sin remordimiento. Pero no había previsto la aparición estelar de Domingo, con la mirada más bonachona del orbe, le había dicho su viejo cuando se lo regaló trece años atrás. Bloqueó el recuerdo. Con la izquierda sujetó a Blanqui, que ya se removía, en la derecha tenía el almohadón, rápida y casi indolora era la muerte que tenía para ofrecerle, se acercó más, vio los ojos todavía idos del mestizo, la lengua afuera, tomó aire, 1, 2, y antes del 3 se lanzó.
Domingo ladraba alevoso, se mandó ni bien abrió la puerta, ¿qué querés? olisqueaba todo, a él en especial, el culo y las manos. Le hizo unas caricias y salió al jardín. Noche estrellada, cada vez se ven menos, pensó. Domingo seguía adentro, seguro que había olfateado el camino hasta la habitación, y cuando oyera ladridos era que había descubierto a Blanqui comiendo de su antiguo tazón. Que además era ella, Blanquita, de ahí la desesperación del general.
Buscó razones pero se quedó con la más elemental, no lo había sentido; se consoló repasando el nuevo plan, con Blanqui de su lado la iba a pagar doble. ¿Por qué no ladran? pensó ir adentro a buscarlos, están bien, retrucó. Domingo es un político de raza.
Las estrellas parecían más intrigantes. Casi un final feliz.

29 comentarios:

  1. Redención, cambio de planes, y mi saludo al General.
    Me hiciste reir y lo seguí de cerca.

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  2. interesante, muy interesante alegoría, yo por respeto a la galaxia no confío en los generales,

    Gran abrazo esteban, me gustó mucho el cuento, es hospitalario con el quehacer interpretativo.

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  3. Los caminos del amor son imprevisibles. ¿Podemos esperar una segunda parte en la que el vecino quiere matar a la vieja, y al final, se engancha? “Vení con papi, viejita linda”.

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  4. Me gustó la idea de ahogar nuestras pasiones en los animale de otros, antes que descargar en ellos toda nuestra ira. Por cierto, ¿Tienes vecionos con perros?. Un saludo.

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  5. Tranquilo, Efa, seguro que es culpa de la luna llena que trastorna a los ¿animales?.

    Besos con una de cal y otra de arena,
    Nuda

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  6. magnífico.
    esas relaciones vecinales...
    hasta cierto momento tiene algo de poe.
    quizás por eso mi final hubiera sido una delatora traslación del ladrido después de la muerte del can. de blanaquita a domingo.

    salú!
    y buena vida...
    f

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  7. Me hiciste recordar algo que paso hace poco:
    el perro de aca abajo de mi depto,no paraba de ladrar..pero aun, sus dueños se ladraban entre si,al punto de que un dia baje en pijama a insultarla de la manera mas elegante y politicamente correcta:_si no dejan de gritar y el perro de ladrar toda la noche,vendra mi marido...no se si te acordas de el: 1.90,fisico de luchador,y cara de pocos amigos.
    El si que esta muuuy enojado.
    Ojala no tenga que bajar el.
    Dese ese dia se calmaron,pero duro lo que una tormenta de verano: al tiempo mete ladrar el perro de mierda,y ellos a su vez,tirandose mierda y puteadas a las 4 de la madrugada.
    Senti deseos de matarlos a todos...solo deseos inconfesables.
    Hace dos mese ella...murio.
    El tipo y el perro desaparecieron.


    besos!

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  8. "perro que ladra no muerde"
    jajaja reí en varias partes, siento que el título es atrayente-cruel-pero atrayente.

    Saludos

    me gusto re mucho

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  9. La sorpresa es el final, contradice lo que construyó. Fue raro un final no Depravado, bien!!!
    carina4ever

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  10. Asombra, e impresiona.
    Genial, amigo.
    Besos

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  11. Muy pocos pueden matar a sangre fría. Sin motivos de peso resulta casi imposible. Buena historia. Buen final. Abrazo

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  12. Sos tan original al escribir, siempre el desconcierto, me encanta.

    Besos.

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  13. Maravillo es un relato muy real.

    Besos.

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  14. Que gran relato, atrapante hasta el final y con un poco de esa mitica que tan bien le hace a la literatura.
    Muy interesante, me vera volver por aqui.
    Saludos

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  15. Siempre es llegar y encontrar una buena historia.

    :)

    Abrazo.

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  16. Excelente Historia que me atrapó de principio a fin. Eres excelente e ingenioso.Un abrazo

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  17. Esperança não é uma boa saída, acredite. Abraços.

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  18. Te felicito me encanto tu historia, relatas muy bien. Un besito que tengas un muy buen dia

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  19. No son instrucciones pero viene al pelo igual, siempre creí que no lo haría.

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  20. Muy interesante, creativa y sutil historia ... felicitaciones


    Muito interessante, História criativa e sutil...parabéns

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  21. Domingo :) con la mirada más bonachona.
    Decí que soy reantiperonista sino te gritaba Viva Perón! jajaj Muy buena historia.
    beso!

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  22. Perfecta convivencia de fábula, suspenso, humor e intriga barrial!

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  23. Una hembra, la cucha y un hueso. Que buena vida la de Domingo. Y el parecido me mató de risa

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  24. Ya me pasó antes de que estoy leyendote y aparece otra publicación tuya.
    Lo que se dice csaualidades. Gracias por lo que escribiste acerca d e mi comentario
    Besos!

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  25. Muy buen relato, sobre todo por el perro que heredó su nombre del general. Brillante.

    Saludos

    J.

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  26. Retomando la lectura de la matineé en busca de una pizca de oscuridad, de sorpresa y de los relatos que me atrapan, otra vez me saco el sombrero ante tu inventiva y tu estilo personal efa.

    Saludos...

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