con su mujer y sus dos hijos:
el niño se llamaba Hansel, y la niña, Gretel.
Los hermanos Damián y Agustina se enteraron de la separación de sus padres mientras cenaban el plato más odiado, zapallitos rellenos con sobras.
El varón preguntó por qué se separaban, la nena quiso saber si podían dejar de comer. ¡Comételo todo! ordenó la madre ¡¿Por qué?! volvió a interrogar Damián. Ok, concedió ella, pero después me terminan los zapallitos.
Ya no nos queremos, no podemos vivir juntos, fueron las razones que los chicos se llevaron por las escaleras hasta el cuarto que compartían, gracias a que el padre intercedió zafaron de la comida, pero también del postre.
Cerrá la puerta, le pidió a su hermana. Después entreabrió la ventana y sacó del bolsillo un papel enrollado. Prestame tus fósforos. Cómo sabés que teng…Porque te reviso la mochila, ¡apurate! Dio varias pitadas, aguantó la respiración, y escupió el humo con tos por la ventana. Estás loco, desde cuándo fumás. Alcanzame el desodorante del cajón, apuntó Damián con el índice. No fumo, es marihuana.
La agarró para que no huyera, mientras la maniataba le recordó que mamá sufría de alergia y no olía un pedo, y papá apestaba tanto a tabaco que tampoco discernía bien, además nunca pasaba menos de media hora hasta que venían a verlos, y roció desodorante en el ambiente.
¿Querés?
¿Qué me va a hacer?
No sé…Yo tengo ganas de hablar.
¿No me hará mal?
… En un rato te digo
Agustina acabó pitando, más bien tosiendo, dijo que era una asco, él le explicó cómo debía hacerlo, los dos tosieron, sssshhhhhh, nos van a escuchar, ¿no era que sabías? El hermano obvió el comentario, si preguntan por el olor les digo que te cagaste encima, la picó. Pero en vez de la usual réplica, la niña estalló en risas.
Es la marihuana, ya te hizo efecto, y justo ahí entró el padre. A Damián lo cazó tirando desodorante como un maníaco, por fortuna logró tirar el porro por la ventana antes que lo viera. A la niña la agarró retorciéndose de risa en el piso, la cara rojísima, lloraba. Agustina se cagó encima, dijo serio adelantándose al cuestionario. Jajajajaja, carcajeaba ella. Chicos, compórtense, sonó conciliador. Quiero hablar con ustedes.
Lo más difícil fue pararle las risotadas y que no se le escapara que habían estado faseando, igual los vió raros. Damián perjuró que se reían de los pedos de la hermana, Agustina, todavía roja, apretaba los dientes para no estallar de nuevo. Quizás no les creyó, pero tampoco indagó más. Vino con que lamentaba en el alma la separación, sabía que ellos se llevaban la peor parte, y por eso iba a ser mejor padre, hasta se los prometió por la abuela muerta. Damián quiso saber si le había metido los cuernos a mamá, Agustina le preguntó por qué decía eso, el padre se sumó a la pregunta de la hija.
No sé, se me ocurrió, alcanzó a explicar el niño, porque el resto de él seguía fascinado con la blandura de su cara, un mareo divertido y unas ganas locas de boquear cosas que no debía. La hermana tampoco la llevaba atada, además de las risas se le había enquistado un pensamiento inédito; papá era lindo, nadie fumaba con más gracia que él, y le encantaba que la llevara de la mano al colegio. Por qué mamá no lo quería, de quién había sido la culpa. Al segundo interrogante contestó que había sido falta de los dos. Con el primero se tomó más tiempo…supongo que se cansó de quererme, reflexionó. Agustina intentó consolarlo pero Damián la agarró de la ropa, no porque se opusiera, sino porque presentía que iba a meter la pata.
Agustina, la primera a la que le pintó el bajón, sugirió deslizarse en sigilo por las escaleras y tomar por asalto el postre negado, Damián, más cauto y paranoico, la convenció de quedarse encerrados.
Les extrañó mucho que la madre no viniese a verlos, siempre lo hacía, para vigilar que no se estuvieran matando, por algún deber pendiente, o sólo para darles el beso de buenas noches. ¿Estará enojada por los zapallitos? aventuró Agustina. A Damián le causó gracia el infantilismo de la hermana, además si algo conocía a su madre sabía que se las ingeniaría para enchufarles los zapallitos.
¡Chicos, arriba!…¡¡Arriba!! elevó el tono la madre, y como seguían dormidos los zarandeó un poco. Agustina alzó los párpados más por reflejo que otra cosa, Damián tiraba manotazos al aire como ahuyentando mosquitos. Después de varios intentos logró que se sentaran y la mirasen con lagañas.
Nos vamos, dijo.
Esas dos palabras interrumpieron el bostezo de Agustina y la desperezada del otro. Por supuesto que retrucaron ¿a dónde? A lo que la madre contestó, nos vamos de casa, ya les preparé sus bolsos. Le daba cosa mezquinarle información a sus hijos, pero sabía que cuanto más revelara más preguntarían, y no tenía tiempo. Además era preferible que supiesen lo justo, para enterarse de lo espeluznante no faltaría oportunidad.
Agustina se empacó, cómo iban a irse a escondidas de papá, y lo codeó al hermano para que se sumara, Damián gesticuló con los hombros el “que me importa”, menos por convicción que por sueño. Entonces, la niña hizo lo que dictó su brío, salió corriendo de ahí.
Cruzó el pasillo como una saeta y, como vió luz y la puerta estaba abierta, entró a la habitación de ellos.
El padre despatarrado sobre la cama con la ropa del trabajo puesta.
Antes que su hija pensara que había muerto, les contó una milésima de la verdad. Había narcotizado el café del marido para que pudieran irse tranquilos. Después de eso hasta Damián salió de su modorra. La mataron a preguntas, y en todas se excusó igual. Después, después…siempre después. Lo único que dijo fue que toda una vida juntos y recién ahora se daba cuenta de que no conocía a su esposo.
Damián al ver que su padre respiraba, pareció desentenderse.
El último berrinche fue por los petates que la madre no les dejó llevar, sólo lo esencial, dijo. Luego vendrían los abuelos a buscar la pelota, los cuentos y la juguetería, prometió.
El varón logró escabullir su colección de comics porno entre la ropa del bolso. Agustina hizo lo propio con un ítem particular, el rosario de la comunión.
Y cuando nadie la veía cortó el cordel. La pequeña cruz de madera fue a su bolsillo. Tomó una cuenta del puñado y la dejó sobre el felpudo de entrada.



Have a SUPER weekend!
ResponderSuprimirBuenísimo Efa. Buenísimo!
ResponderSuprimirVoy reírme como Agustina y vuelvo.
Besos.
Me gustó conocerte, encontrarte.
ResponderSuprimirUn saludo
Sos un incansable narrador.
ResponderSuprimirMi anónima admiración
Ya que un escritor sorprenda constantemente es un hecho para destacar; pero que además de la sorpresa deje lugares de tamaña profundidad es sin dudas singular,
ResponderSuprimirMe encantó esta narración; tus cuentos son como un temblor en la mandíbula, la palabra que nadie dice. Maravilloso estupor,
siempre me llevo en el alma la conciencia de algunos de tus personajes.
Enorme abrazo patagónico.
Efa, muy bueno.
ResponderSuprimirMe encanta como narras y como construyes personajes.
Abrazos
Padres con oscuros secretos, niños que alucinan, zapallitoa, el hombre lobo y la religión. Y por si no alcanzaba, una EXCELENTE referencia a los cuentos clásicos.
ResponderSuprimirT saludo
Se apetece una buena taza de café con narcóticos… encuentro atractiva la historia por varios aspectos, el desenlace me parece fabuloso- eso ya lo has de saber- y el nombre de Damián es uno de mis favoritos.
ResponderSuprimirTe dejo besos y abrazos
Muy buenas letras Efa
Hasta siempre
Es muy fácil, y hasta divertido en ocasiones, traer niños al mundo. Lo complicado es aguantarlos después de que nacen...
ResponderSuprimirSaludos
J.
Recreas en tu historia, para el gótico,cuentos que te marcaron de niño:Hansel y Gretel,el fenómeno del hombre lobo (lo entraño en el padre), agragéndoles, lo carcaterístico de tu narrativa: eun humor ácido, que divierte. Un abrazo. Carlos
ResponderSuprimirMuy bueno Efa!!!Me hizo muchisima gracias las salidas de los niños fumando el porro.Muy bueno.Mil besitos
ResponderSuprimir¿Quién se atrevería a convertir un cuento infantil en un cuento de verdadero terror? No hace falta ninguna respuesta, después de leerte es obvio tu capacidad para metamorfosear lo que se te antoja a tu antojo.
ResponderSuprimirPor cierto, la inteligencia de la niña supera con creces a la del niño. El rosario de preguntas que va sembrando desde ese felpudo de la puerta, es mayor que las respuestas que vamos recogiendo.
Gran trabajo. Sinuoso y creativo. Con cuentas brillantes y depravadas.
Un abrazo, desde la ventana de la casita de chocolate.
A mis ojos, los zapallitos rellenos son el símbolo de una infancia triste con padres fallidos. En cuanto al final, por fin un rosario sirve para algo... me pintó re agreta el comentario pero lo cierto es que me gustó la historia. Saludos!
ResponderSuprimirMuy bueno efa, lo encontré muy atrapante con curiosidades al principio y cuando me di cuenta estaba intrigado de verdad.
ResponderSuprimirQue placer esa risa, se olvida uno del resto del mundo.
Un abrazo che
Me encantó este relato, casi me pongo a llorar y lo lei dos veces(o sos un gran escritor o yo estoy medio sensiblera). La construcción de los personajes, de la familia disfuncional y la crisis de pareja y cómo desplegaste el intertexto de Hansel y Gretel me parecieron geniales!
ResponderSuprimirA mi gusto los relatos de la vida cotidiana son los que mejor te calzan.
Cada día te superas a vos mismo, te felicito otra vez más, como siempre. M.
jaja creo q reconozco al de la foto.
ResponderSuprimirCreo que hoy imprimiré tu cuento y lo pasaré por toda la oficina.
Hermosa manera de iniciar el lunes.
Gracias escritor
carina2012
La separación, la forma de comunicarlo, la reacción de los hijos, las mentiras, los excesos de la adolescencia, las complicidades de hermanos, las culpas de los padres, la salida intempestiva, todo en un relato. Excelente!
ResponderSuprimirMuy original, muy distinto...no diría fresco porque no me transmite esa clase de frescura.
ResponderSuprimirMe encanta como en pocas líneas nos imaginamos a los personajes y los llenamos de personalidad....Cuál? supongo que los pintamos a nuestra semejanza.
Siempre dan ganas de volver por aquí...sorprendes.
Besos, Efa...llenos de risa
De lo mejor que te leí Efa, mucho ritmo, me encantó
ResponderSuprimirBesos
Sabri
Muy bueno. El final es algo perturbador, te deja como una sensación extraña.
ResponderSuprimirPor otro lado, ¿opinión sobre los comentarios?
Suele tomarme bastante tiempo pasar a visitarlos y leer sus cosas... pero siempre los leo y sonrío con sus palabras, en su gran mayoría amables, hacia mi blog.
Abrazo!
Miedo me dar pensar que ese padre siga las cuentas
ResponderSuprimirMe ha gustado mucho es un placer pasearme por tus letras caballero
Un beso que ya hay confianza
Have a SUPER week!
ResponderSuprimirme gusta tu forma de ver las cosas,irónica y dura, pero divertida. un drama de adult@s mezclado con la experiencia del primer porro resulta fascinante.
ResponderSuprimiry deja de ver a los niñ@s como "pobres víctimas" de las separaciones, que también es de agradecer en estos tiempos tan cursis a los que nos quieren hacer volver (al menos por aquí)
Es increible cómo personas que viven en la misma casa no se conocen: ni los hijos a los padres, ni los padres a los hijos, ni los padres entre sí. Sólo parece existir la complicidad fraternal ... que espero que dure.
ResponderSuprimirMuy bueno! un Hansel y Gretel moderno, hacía falta la adaptación, me gustó mucho y la parte del desodorante me trajo recuerdos de la adolescencia.. jaja que bueno!
ResponderSuprimirUn beso!
Efa, perdona que no haya escrito antes, pero este año el mundo blogger es un lujo para mí. No tengo tiempo, sólo aspiro a escribir una entrada cada mes.
ResponderSuprimirHablas de una familia desestructurada, por desgracia el valor supremo del postmodernismo es el individualismo, con lo cual, tampoco es tan rara esta situación de nula comunicación familiar. Espero que estos niños de cuento encuentren las migas que los devuelvan a una vida más digna. Un saludo.
Bravo efa, coincido con el que te dijo que en las historias cotidianas tu estilo se viste de gala.
ResponderSuprimirA dondé lllevará el camino d cuentas
El faso le dió la capacidad de entender que las palomas no comen cuentas de rosario.
ResponderSuprimirMe gusta leer historias, y más historias...adicta hasta el delirio de la vida cotidiana y su fuerza. narcotizantes momentos que dejo que mi piel sienta y mis ojos vean, y experimentar la risa descontrolada de Agustina, la furia de Damián y la valentía de esa madre capaz de poner un alto en una vida que la apresa en una jaula.
ResponderSuprimirSi hay separación no hay un solo culpable, los implícados son juez y parte. Fue él, fue ella, fueron ambos a la vez, ¿a quién importa?. Lo significativo es comenzar de cero y saber crecer con cada historia.
No me quería ir sin decirte GRACIAS por tu comentario.
jeje cuando llegué a las cuentas ya me habia olvidado la referencia a H y G del principio.
ResponderSuprimirMe volviste a sorprender.
Excelente relato, compañero.
ResponderSuprimirUn abrazo.
Marpín y La Rana
Que gustazo venir a verte efa!!!!
ResponderSuprimirQue será de los niños?
mi beso de verano.
hacia tiempo que no me pasaba,
ResponderSuprimirescasa de tiempo para textos largos.
me encantó llegar al final y que resonara el epígrafe,
tal cual lo del desodorante, excelente, estuve ahí, jaja.
un beso.